Para ti, Abuela Araceli.

 

Nací un 22 de agosto, recién estrenada la década de los setenta. Podría decir que di a luz en una peluquería, en la de mi madre: Peluquería Chuchi, en calle Los Osorios de León. Allí aprendí y descubrí los misterios y destrezas del arte de atender los cabellos de clientas fieles y agradecidas. Comencé a formarme en la Academia Julián, una entidad que –por entonces- tenía mucha fama y nivel. Su hijo, el televisivo y campechano Jesús Calleja, me mostró las habilidades del corte masculino. Los recuerdo a ambos y, con especial cariño, a su hermano Julián, fallecido desgraciadamente muy joven. Concluyo esta formación básica y empiezo a impartir mi primer curso a otros peluqueros. Tendría unos 17 años tan solo y, me acuerdo muy bien, lo realizamos en San Marcos; por entonces un hotel de súper lujo y actual Parador de Turismo.

Con la mayoría de edad sobre mis hombros, tras desempeñar el servicio militar obligatorio, me incorporo al cien por cien en la peluquería de mi madre añadiendo los servicios de estética, como novedad.

Tras la importante recesión vivida en los noventa y con el boom de los grandes gurús y estilistas de la peluquería acompasados por la obsesión estética de la mujer incorporada totalmente al mundo laboral, con un nuevo culto al cuerpo demostrando que su profesionalidad no está reñida con la belleza. Así como el hombre, que comienza a preocuparse por su aspecto utilizando cosméticos y perdiendo la vergüenza por dedicarse a su cuidado personal. Todo este contexto histórico, vivido intensamente por mí, a nivel profesional, en el que me formo activamente y convivo con el cambio radical del oficio de peluquero, transgrediendo el paradigma hasta entonces existente; hace que mi instinto me lleve a viajar fuera de España para valorar las tendencias. Allí comienzo a entender la brecha abierta entre la peluquería clásica y convencional, normalmente asentada en un piso, con el salón de un peluquero. No dejo de impartir cursos a otros colegas de profesión y mi pasión comienza a aumentar.

Llego a tener cinco áreas de peluquería; tres en León y dos en Valladolid (en Valladolid fusionando concepciones formativas y comerciales y, en León, creo una sala en el Campus de Vegazana, ambos conceptos fueron pioneros en España).

A partir de esta expansión propia, no ceso de ir a Londres con importante frecuencia para seguir inspirándome y formándome. Comienzo a crear mis propias colecciones, generando ideas, colores, formas para –posteriormente- impartir cursos basados en las creatividades. Quiero dedicar unas letras al gran Carlos Cidón, con el que hice una colección muy especial, la cual se presentó en el MUSAC y estuvo, posteriormente con otras personas, en lugares tan interesantes como México DF, Los Ángeles o Puerto Rico. Para mi conocer a este hombre tan creativo y sensible, así como trabajar con él, marcó un punto de inflexión en mi vida.

Con el paso del tiempo, me quedo con un único local; el actual. Asimismo me convierto en freelance para diferentes firmas lo que me lleva a distintos emplazamientos para formar a otros peluqueros. En esa etapa de mi vida, conocí a otros peluqueros y comienzo a presentir la fuerza que tiene el arte de hablar en público, las relaciones interpersonales, identificar las necesidades de nuestra clientela y comienzo a estudiar e investigar sobre ello para poder compartirlo con otros compañeros. A partir de ese momento, incluyo charlas de motivación en mi porfolio como formador. También, en aquella época, fui finalista de los “Premios Emprendedor” que otorgaba Castilla y León.

Siguen pasando los años y me intereso por el universo de las pelucas. Detecto un nicho interesante y una clientela muy especial que requiere un mimo y tacto delicado, así como diferenciado. Comienzo comprando, luego me hago distribuidor y, a día de hoy, puedo decir con cierto optimismo que soy un artesano de la peluca.

Hoy, en pleno siglo XXI, donde este nuevo milenio ha marcado un mundo de mezcla de culturas, estilos, cambio constante, atrevimiento ante formas y colores, la idolatría hacia los famosos con looks imposibles e imitados, barreras geográficas destruidas gracias a la explosión de internet, comunicación circulando a gran velocidad, la innovación en productos, la vanguardia en las técnicas de corte y color; me intento reinventar cada día para poder dar lo mejor de mí mismo a todos los clientes que confían en mí.

Sigo a pleno rendimiento con dos locales en marcha, realizando eventos, como Feria León de Boda, y especializándome en lo que siempre más me ha gustado: la peluquería técnica (recogidos y corte).

Me considero un emprendedor enamorado de mi trabajo y amante de mi maravillosa familia. Mi mujer y mis dos hijos son primordiales en mi vida.

Gracias.